SERU GIRAN: BICICLETAS Y UN AIRE DE LIBERTAD Por Fabián Fuentes



Las canciones de este tercer disco de estudio de Serú Girán, son un testimonio desgarrador de aquella caverna oscura que fue la Argentina de 1980, signada por el terror estatal de la dictadura, el exitismo pos Mundial ´78, las topadoras de la especulación inmobiliaria de Cacciatore y, valga la redundancia, la bicicleta financiera de la era de la “plata dulce”.

Un disco con una banda que, después de pedalear duro desde 1978 con su incomprendido primer trabajo y tras el envión del segundo, La grasa de las capitales, se consagraría finalmente como uno de los grupos de rock que mejor pudo canalizar las angustias y la bronca contenida de una juventud ávida de encontrar en el rock un modo de expresión y proyección ante la censura, la represión y la mediocridad cultural y frívola de la dictadura y el mainstream de la época -capitalizado por la “fiebre Travolta” de la música disco- cantando contra la dictadura, lo viejo y lo nuevo, transformándose así en una especie de “Beatles argentinos”.

Si su primer disco de 1978 fue la incomprensión y La grasa de las capitales de 1979 fue -en palabras de Charly García- “el de batalla, el de convencer al público”, Bicicleta fue la relajación y su afianzamiento musical, un mérito compartido por su mánager Daniel Grinbank (considerado por algunos como “el quinto Serú Girán”).

Pensado inicialmente como un disco doble -pero desestimado por los altos costos de la grabación de vinilos, en plena pos segunda crisis del petróleo-, a través de sus ocho canciones la banda transita por una amalgama de sonidos que van desde el ya clásico rock progresivo y el jazz rock a la fusión de elementos del Tango. Su presentación ocurrió de forma curiosa, ya que el mismo álbum fue presentado en junio de 1980 en el Estadio Obras sin haber sido grabado, en un recital acompañado de una performance teatral escénica compuesta por ruedas de bicicleta, conejos y flores a cargo de la diseñadora Renata Schussheim.

El aceitado “pedalear” de la banda era posible por la confluencia de músicos virtuosos como la batería poderosa de Oscar Moro, el inconfundible bajo Fretless al “estilo Jaco Pastorius” de Pedro Aznar, la intuitiva guitarra blusera de David Lebón y el ya conocido “oído total” de Charly García que no se limitará a los teclados, sino que inclusive experimentará su crecimiento como intérprete vocal.

A contramano de sus discos de estudio, el sonido de Serú Girán en vivo cobra una fuerza superior. La cadencia de algunos de sus temas en vivo invitaba a bailar al público, algo considerado para la escena rockera del momento como un sacrilegio, logrando así llegar a toda la juventud, inclusive a la asidua a los boliches, en una época donde las tribus urbanas se dividían celosamente entre “rockeros vs. chetos grasas” o “fans de Queen vs. fans de Kiss”.

Además, al exilio de varios músicos como Miguel Abuelo, Pappo, León Gieco, Spinetta y el propio Charly García se le sumó el terror de los que se quedaron, los cuales se refugiaron en producciones musicales ancladas en un rock sinfónico plagado de letras casi mitológicas, con una fuerte carga de abstracción introspectiva como lo fue el colectivo de bandas independientes agrupadas en el MIA (Músicos Independientes Asociados).

El propio Serú Girán es un testimonio de esa transición, ya que fue una banda que se formó en el exterior (Buzios, Brasil) y compartió esa estética introspectiva con su primer LP de 1978.

El disco Bicicleta se convertirá en la respuesta por esa avidez porque el rock retome aquella senda “contestataria”, y en la razón por la cual Serú Girán se transformarán en la súper-banda de la transición hacia el nuevo paradigma de los ’80.

Sus letras, con sutileza y energía de ingenio, lograron esquivar la censura estatal con temas como “Canción de Alicia en el país”, escrita en 1976 por Charly García a pedido del director de cine Eduardo Plá. Allí, a través de una adaptación del clásico cuento infantil “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carrol, se desarrolla una suerte de repaso por la historia política de la Argentina con personajes como “la tortuga”, “la morsa” y “el brujo” en una clara referencia a Illia, Onganía y López Rega, pero además una certera denuncia al clima colectivo de terror reinante en 1980.

La balada “Desarma y sangra”, a pesar de que algunos la referencian más como una canción de Charly sobre su infancia, en cambio aborda la angustia hacia el terrorismo de Estado desde una óptica más íntima, más introspectiva.

Por otro lado, y siguiendo con el espíritu ácido e irónico iniciado en La grasa de las capitales, se encuentran dos canciones críticas de la industria musical.

En primer lugar está “A los jóvenes de ayer”, un tema doble de jazz rock con fusiones de tango que pone en la mira a la acartonada cultura tanguera, por ese entonces muy reticente al rock. Su letra surgió en primer lugar por una visita realizada por Charly a Sadaic para cobrar unas regalías, donde observó a la gente que lo rodeaba y notó que muchos se teñían el pelo o utilizaban pelucas. “Todo eso me dio una versión muy surrealista de lo que era Sadaic”, contó el propio Charly. Posteriormente, las negativas opiniones de los cantores de tango hacia el rock vertidas en una entrevista realizada en 1977 por el diario La Opinión, donde artistas como Edmundo Rivero, Osvaldo Pugliese y Leda Valladares acusarían al rock de “extranjerizante”, terminarían de darle forma y cuerpo a la canción.



En casi cuatro minutos la banda hace un paralelismo entre la “Nueva Ola” de los ’60 -aquella movida musical argentina de neto corte comercial liderada por el “Club del Clan”- con el movimiento Mod de Inglaterra, liderado por bandas como The Who y The Kinks y la novísima New Wave. Esta tenía como referencia a grupos contemporáneos que iban desde The Police, B´52, The Knack y hasta inclusive el grupo punk The Clash, el cual es referenciado –con una especie de polarización con The Who- en una parte de la letra por la portada del disco London calling, donde se ve al bajista Paul Simonon rompiendo su bajo (“Te acuerdas del tipo que rompía las guitarras cuando nadie tenía un miserable amplificador? ¡Hay miles ahora!”).

Se trata de una canción curiosa, ya que en 1980 la New Wave argentina aún se encontraba “en pañales”: Virus todavía no había grabado su primer disco, The Police pisaría la Argentina recién en diciembre y la única referencia que existía por entonces en ese país era la canción “My Sharona” de The Knack, que sonaba en las radios. Pero sobre todas las cosas, es una canción donde Charly comienza a explotar su ego, una marca registrada por el resto de su carrera, buscando posicionarse ante la música de forma crítica y al mismo tiempo con un dejo de resignación e ironía -algo que se verá más tarde en 1983 con su disco solista más bailable y más New Wave, Clics modernos.

El disco continúa con aportes de Pedro Aznar como “Luna de marzo”, un arreglo instrumental con ciertos matices oscuros, y las canciones de David Lebón “Cuanto tiempo más llevara” y “Tema de Nayla”. Esta canción, dedicada a su hija Nayla (víctima de un grave accidente doméstico), expresaría en su producción el clima de inestabilidad existente entre los integrantes de Serú Girán, ya que los arreglos de sintetizadores fueron realizados por el tecladista Diego Rapoport y no por Charly García, en represalia por la actitud apática que el grupo tuvo ante dicha desgracia familiar.

Como broche de oro sigue “Encuentro con el diablo”, una canción que inocentemente plagia los acordes de “Sweet Home Alabama” del grupo norteamericano de rock sureño “Lynyrd Skynyrd” y que de forma errónea fue por años referenciada a un encuentro que la banda tuvo con funcionarios de la dictadura militar -algo que fue desmentido, ya que el tema fue compuesto en Buzios y dicho encuentro con los funcionarios de Viola ocurriría recién en 1981.

La portada del disco, que muestra a la banda disfrazada de una suerte de próceres decadentes y depresivos, cerraría el círculo de esta alegoría musical clave en los tiempos en que el rock, antes que aquel mote de tinte chauvinista “nacional” que se ganó en la guerra de Malvinas, era más bien visto como espacio de “resistencia”.

Sin duda alguna que Bicicleta de Serú Girán fue parte del renacer del rock en la Argentina frente al terror, la censura y la frivolidad de la dictadura, así como el alma mater de aquellos jóvenes de ayer que, desde su infancia, habían sido testigos de las emociones vividas por sus hermanos mayores con las canciones de Sui Generis.

FUENTES: LA PRENSA OBRERA Y ARCHIVO PERSONAL

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