El Filicidio Por qué y cómo matamos a nuestros hijos Por Lic. Sergio Korman


La noticia: en toda Europa Interpol busca a un argentino, economista, Martín Álvarez Giacio, 44 años, acusado de matar mediante asfixia, a su hijo de cerca de tres años, supuestamente- en base a una carta que habría dejado en el lugar del hecho, un Hotel en Barcelona-, como venganza hacia la madre del niño, su ex pareja.

Este hecho, que aparece como siniestro, no es nuevo, y, además, nos devuelve al pasado, a la mitología, y a los oscuros laberintos de la mente.

En la década del 60, un célebre psicoanalista, Arnaldo Rascovsky, escribió “El Filicidio”, donde, básicamente, sostenía, que los adultos matamos, sacrificamos a nuestros hijos, en guerras, desde el origen de los tiempos.

Algo así como una Ceremonia Sacrificial, como reza la Biblia, cuando Isaac se ve compelido a asesinar a su hijo, para probar su lealtad y fidelidad al Dios Padre, que, a último momento, lo libera de tamaña tarea.

Lo mismo hace Artemisa, diosa de la Caza, al salvar a Ifigenia, hija de Agamenón, un guerrero, quien lideró la invasión a Troya. Agamenón había matado un ciervo, innecesariamente, para la Diosa, y ésta contuvo los vientos, impidiendo que la flota partiera hacia Troya. Agamenón debía sacrificar a su hija Ifigenia, para que Artemisa liberara los vientos, pero en el último momento, así cuenta Eurípides en su Historia, la Diosa sustituye a la niña por una cierva, que es sacrificada.

La historia de los sacrificios humanos -de allí proviene el concepto de “chivo expiatorio”, ya que la tradición nos lleva a hacer el trueque, del animal por sobre el ser humano -a-ser-sacrificado, nos atraviesa.

El ser humano, por distintos motivos, ha sacrificado a sus propios hijos, en ocasiones, como los animales, por no poder alimentarlos, o incluso cuando su estado de salud es crítico, es insalvable.

En ocasiones, por obra de delirios psicóticos, paranoides o esquizofrénicos, y en ocasiones, por error, por accidentes, a veces domésticos, o, como ha sucedido recientemente en nuestro país, por confundirlos con un ladrón o un invasor.

Pero el caso más terrible, para siniestro, es el de la Venganza hacia un tercero.

Y acá la mitología también tiene algo para contarnos. Medea, abandonada por su consorte Jasón, asesina a sus hijos por venganza, en la funesta tragedia de Eurípides.

Todo indica, en base a la información que está a nuestro alcance, de momento, que éste ha sido el caso de este señor, y que merece la mayor de las condenas, del sistema judicial, y de la Sociedad toda.

Pero la gran pregunta que subyace: ¿por qué nos “devoramos” a nuestros hijos? Así Cronos, hijo de Urano, dios de los cielos, y Gea, diosa de la Tierra, devoraba, uno a uno a sus hijos, por temor a que algunos de ellos, hiciera lo que él mismo había cometido, el parricidio, la castración de su padre Urano.

La metáfora de Cronos, dios del tiempo, nos lleva a pensar en la fantasía de la detención del tiempo, la negación de nuestro propio envejecimiento y muerte, así que, de nuestros temores paranoides, que el otro – en este caso nuestros hijos-, nos SUPEREN y nos “devoren”, de allí la Castración del propio Padre, por parte del mismo Cronos.

Pero el tiempo, transcurre, así como nuestro envejecimiento, deterioro, y muerte…y nuestros hijos crecen, se autonomizan, en ocasiones nos superan, y esto, es LO MEJOR QUE NOS PODRÍA SUCEDER...COMO PADRES.

Hasta la próxima

Lic. Sergio Korman / MN 12678 / Tel. 11-6223-0623

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